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lunes, 5 de agosto de 2013

cuestión de priorizar

Salia sin peinar la mitad de las veces,  toda llena de enredos, la otra mitad recogía su larga cabellera en una cola alta llena de imperfecciones.  Si alguien comentaba algo solía contestar que estaba demasiado ocupada para dedicar su tiempo a una maraña de pelos que algún día acabaría por rapar. Tenia los ojos cansados de leer papeles y solo se le calmaba ese cansancio con una buena novela que contase suficientes mentiras como para olvidar que se podía decir la verdad.  Estaba ocupada en crecer intentando no superar ese metro ochenta y cinco que tanto echaba para atrás a los chicos que conocía; por suerte solo un diez por ciento de ellos podía merecer la pena. Peto a él se lo encontró de frente una mañana mientras compraba chicles en el kiosco situado en la esquina de casa. Él no tenía pelos para llevar despeinado pero lucía la camisa sin planchar. Ella se fijó y él dijo que estaba demasiado ocupado para planchar un trozo de tela que algún día se rompería. Él tenía la vista cansada de tanto dibujar y meses después descubrió que solo se le pasaba haciendo retratos de ella. El se acostumbró a llevar camisetas y ella rapó su melena. Porque una vez que se conocieron solo quisieron tener tiempo para amarse y crecer

martes, 14 de mayo de 2013

Defectos y efectos

Presumo de indiferencia, pregono lo importante de aceptarse y lo inútil de dar importancia a lo que digan los demás. Caigo entonces en esa absurda hipocresía de quien intenta engañarse a sí mismo sin conseguirlo, dándome cuenta de que nunca llegaré a ese nivel de inteligencia en el que solo te influye la crítica constructiva. Y rompe entonces dentro de mí una tormenta impetuosa de auto-críticas que me insultan y conociendo mi puntos débiles me hacen daño. Mentirosa por egoísta, indecisa, confusa, infantil y por tanto inmadura, excesivamente soñadora, dependiente, cansina, charlatana aún queriendo parecer misteriosa, aires de importancia cuando me subo a unas pequeñas sandalias de tacón, nerviosa e inquieta. Me odio a ratos y recuerdo eso del amor propio y digo ¿Cómo me voy a amar? Veo sólo defectos y me digo pues a ellos, a ellos también habré de quererlos... Y me siento y respiro tan profundo que me llega el olor del mar y cierro los ojos y levanto la cabeza al sol y sonrío. Recuerdo que eso sí que no parece malo, que sé sonreír y quizás sea un triste conformismo, pero me consuela.

sábado, 27 de abril de 2013

Ver mirar y aprender (Nagyneni)

Ver mirar y aprender. Ayer descubrí que a veces en el silencio se oye mucho más de lo que parece, aprendí que entre cantes se escucha sentir a los sentimientos (incluso si se canta desafinado). Vi amor en más de una mirada, me propuse observar y descubrí más de lo que habría imaginado. Mirar y aprender. Ver que la amistad es dar, dar y dar, porque dando recibes. Cada uno recoge lo que siembra, dicen, ayer vi que incluso recogiendo se puede sembrar.  Que una voz puede no ser nada cuando unas manos lo dicen todo, que el amor se basa en comprender, en mirar (Y hay que ver como la mira...) Ayer pude comprobar que incluso a las personas más fuertes se les pueden romper los esquemas (hacer cosas que prometieron jamás hacer puede ser  más sencillo de lo que parece e incluso acaba por gustar)  si se da con la forma adecuada. Que se puede demostrar la felicidad a base de lágrimas, brindar y brindar y brindar, no para pedir nada, sino para celebrar lo que se tiene. Tocar, mirar, sentir... Que las sorpresas pueden darse en el menor de los momentos(cajones, chocolate, palmas y corazones sabor fresa)  y es que la vida es siempre sorprendente. Que hay que ceder, que hay que soñar, pero que por encima de todas las cosas hay que disfrutar, reír y no tener miedo a la felicidad porque será entonces cuando no sepamos ser felices. Ayer aprendí a decir cosas que jamás escribiría, aprendí a apreciar lo mejor de quien se esconde, aprendí a observar y escuchar.  Un beso puede durar un segundo y ser más bonito que uno de diez. Ayer disfruté, se preveía (por la compañía). Pero también aprendí, aprendí a no ser tan idiota y no tener miedo, aunque a veces me coma la timidez (que sí, que existe). Ayer caí rendida, pero... Que me quiten lo bai.... lo aprendío!