Hola. ¿Qué tal andas por las alturas? Supongo que genial, allí no debe pasar nada malo... Lo único que se me ocurre... la soledad... Pero ¡Tú no estás sola!
Te quería contar que estoy muy, muy contenta porque ayer estuvimos viendo la que será mi casa del año que viene. Fue un flechazo, la vi y supe que podría hacer de ella mi hogar. ¿Sabes lo que dicen que sienten las novias cuando ven su vestido? Pues parecido, pero con una habitación, un edificio y una azotea. ¡Lo de la azotea fue increíble! Me encantó desde el principio, pero al subir y ver aquello, me di cuenta de que allí tenía que vivir yo. Estaba hecho para mí.
Pues eso. todos mis miedos (O casi) han desaparecido al ver que esa será mi casa que podré hacerla mi hogar. Me veo capaz de ello. Me encanta, de verdad.
Ya sabes. Seguiré cantando, seguiré soñando...
Te quiero.
contar historias es una manera de hacer que la realidad se parezca más a lo que desearías que fuera.
domingo, 28 de abril de 2013
sábado, 27 de abril de 2013
Ver mirar y aprender (Nagyneni)
Ver mirar y aprender. Ayer descubrí que a veces en el silencio se oye mucho más de lo que parece, aprendí que entre cantes se escucha sentir a los sentimientos (incluso si se canta desafinado). Vi amor en más de una mirada, me propuse observar y descubrí más de lo que habría imaginado. Mirar y aprender. Ver que la amistad es dar, dar y dar, porque dando recibes. Cada uno recoge lo que siembra, dicen, ayer vi que incluso recogiendo se puede sembrar. Que una voz puede no ser nada cuando unas manos lo dicen todo, que el amor se basa en comprender, en mirar (Y hay que ver como la mira...) Ayer pude comprobar que incluso a las personas más fuertes se les pueden romper los esquemas (hacer cosas que prometieron jamás hacer puede ser más sencillo de lo que parece e incluso acaba por gustar) si se da con la forma adecuada. Que se puede demostrar la felicidad a base de lágrimas, brindar y brindar y brindar, no para pedir nada, sino para celebrar lo que se tiene. Tocar, mirar, sentir... Que las sorpresas pueden darse en el menor de los momentos(cajones, chocolate, palmas y corazones sabor fresa) y es que la vida es siempre sorprendente. Que hay que ceder, que hay que soñar, pero que por encima de todas las cosas hay que disfrutar, reír y no tener miedo a la felicidad porque será entonces cuando no sepamos ser felices. Ayer aprendí a decir cosas que jamás escribiría, aprendí a apreciar lo mejor de quien se esconde, aprendí a observar y escuchar. Un beso puede durar un segundo y ser más bonito que uno de diez. Ayer disfruté, se preveía (por la compañía). Pero también aprendí, aprendí a no ser tan idiota y no tener miedo, aunque a veces me coma la timidez (que sí, que existe). Ayer caí rendida, pero... Que me quiten lo bai.... lo aprendío!
martes, 23 de abril de 2013
Leer
Hace algo más de un año una persona me pidió que le escribiera un libro, una historia sólo para ella. Yo, que tengo ese defecto de no saber decir que no a quienes quiero, me embarqué en el proyecto. Fue un regalo de cumpleaños para ella y una forma de volar para mí. Recibí más de lo que di, como suele pasar con las cosas que se hacen con amor.
Tanto me gustó el proyecto que, poco después de terminarlo, me embarqué en la segunda y la tercera parte, a la vez. En ello continuo. Esa misma persona sabe que el curso académico al que este año me enfrento es complicado y que el año que viene será muy importante. Conocedora de esto me dijo "Prométeme que el año que viene te centrarás en los estudios, que dejarás esto." Yo no se lo prometí, porque tengo por costumbre cumplir todo lo que prometo y sé que eso no lo puedo cumplir.
Esa misma noche abrí LA CAJA una caja de cartón rectangular y grande con dibujos musicales en la que comencé por guardar revistas y acabé por tener que tirar las revistas (sin demasiado valor) para que cupieran cuadernos y recuerdos. Puse cada uno de los cuadernos que conservo sobre mi cama e hice recuento. Dieciocho. Dieciocho son los cuadernos que conservo, desde los seis años, escritos por mí, recuerdo que hay al menos cuatro que no encontré y además la mayoría de lo que escribo está guardado en varios ordenadores o pendrives. No puedo prometer que dejaré de escribir el año que viene porque llevo toda mi vida haciéndolo, imaginando (soy de esas personas a las que les basta ponerse de puntillas para andar con la cabeza en las nubes) y viviendo en un mundo paralelo que solamente yo alcanzo.
Mis padres me hicieron lectora, pero no sólo eso, sino que aprendí también a expresar lo que soy mediante palabras. Una letra se junta con otra y se encadena con varias más, cuando te das cuenta has formado un sentimiento. Leer es vivir, ganar tiempo y ganar vida. Leer es soñar, entrar en una vida ajena que te invade, poro a poro.
Nunca podré dejarlo porque soy aquello que siento y para sentir escribo. Por eso sé que no puedo prometerlo, nunca me centraré en una sola cosa porque siempre habrá mundo para imaginar. Ahí reside la magia de la lectura.
FELIZ DÍA DEL LIBRO.
Ceci.
Tanto me gustó el proyecto que, poco después de terminarlo, me embarqué en la segunda y la tercera parte, a la vez. En ello continuo. Esa misma persona sabe que el curso académico al que este año me enfrento es complicado y que el año que viene será muy importante. Conocedora de esto me dijo "Prométeme que el año que viene te centrarás en los estudios, que dejarás esto." Yo no se lo prometí, porque tengo por costumbre cumplir todo lo que prometo y sé que eso no lo puedo cumplir.
Esa misma noche abrí LA CAJA una caja de cartón rectangular y grande con dibujos musicales en la que comencé por guardar revistas y acabé por tener que tirar las revistas (sin demasiado valor) para que cupieran cuadernos y recuerdos. Puse cada uno de los cuadernos que conservo sobre mi cama e hice recuento. Dieciocho. Dieciocho son los cuadernos que conservo, desde los seis años, escritos por mí, recuerdo que hay al menos cuatro que no encontré y además la mayoría de lo que escribo está guardado en varios ordenadores o pendrives. No puedo prometer que dejaré de escribir el año que viene porque llevo toda mi vida haciéndolo, imaginando (soy de esas personas a las que les basta ponerse de puntillas para andar con la cabeza en las nubes) y viviendo en un mundo paralelo que solamente yo alcanzo.
Mis padres me hicieron lectora, pero no sólo eso, sino que aprendí también a expresar lo que soy mediante palabras. Una letra se junta con otra y se encadena con varias más, cuando te das cuenta has formado un sentimiento. Leer es vivir, ganar tiempo y ganar vida. Leer es soñar, entrar en una vida ajena que te invade, poro a poro.
Nunca podré dejarlo porque soy aquello que siento y para sentir escribo. Por eso sé que no puedo prometerlo, nunca me centraré en una sola cosa porque siempre habrá mundo para imaginar. Ahí reside la magia de la lectura.
FELIZ DÍA DEL LIBRO.
Ceci.
miércoles, 27 de marzo de 2013
El corazón de la sirenita.
Hace no demasiado tiempo nació a las orillas del océano Atlantico una sirenita de ojos muy claros y tirabuzones rubios, su nombre era Pignoita. Pignoita tenía el don del mar, los ojos del color del agua y el cielo, el pelo con forma de ola y color de la arena. Pignoita era una sirenita alegre y cantarina que hacía sonreír a cualquier pececillo con el que se encontraba. La pequeña sirenita demostró muy pronto ser inteligente además de simpática y con mucha rapidez comenzó a hablar el idioma de las aguas pudiéndose comunicar con todos los seres del mar. Pignoita tenía además un secreto, un secreto que le daba toda su fuerza, si, Pignoita tenía el amor más grande del mundo en su posesión, el corazón de quien más la quería un ser que lo daría todo por hacerla un poco más feliz. Pignoita quería muchísimo a esa persona y guardaba muy bien su corazoncito dándole besitos y haciéndole cosquillas para que pudiera reír incluso cuando las cosas iban mal. Un día un pez poco cuidadoso rompió aquel pequeño corazón que dejó de brillar. Pignoita al verlo se puso muy triste, pero después recordó que ella era la única que podía arreglarlo y sacó fuerzas de su pequeña cola de pez naranja para trabajar. Pignoita pegó poco a poco los trocitos del corazón y lo subió a la superficie para que le diera el sol. Cuando estuvo seco lo apretó fuerte contra su pecho, le dio muchos besos y le hizo cosquillas, poco a poco el corazón volvió a brillar. Pignoa había encontrado la fórmula de que el corazón nunca dejara de brillar.
sábado, 23 de marzo de 2013
Biografía de Rumores.
Nací bruja, muy bruja. Si no ¿Por
qué mi casa era tan grande y mi piel tan blanca? Estaba claro que mis padres
eran brujos y habían hecho una casa grande con su magia oscura. Se habían
comido a los vecinos y habían destruido las casas de alrededor con un conjuro,
por eso mi casa era tan grande. Yo había nacido hechicera también, por eso mi
piel era blanca y mis ojos verdes, mi
pelo tan oscuro y yo tan delgada pero con una nariz grande, de bruja; por eso
era tan FEA. Siempre lo decían en el colegio. Después dejé de ser bruja, pero
entonces fue peor aún, porque, cuando llegué al instituto pasé a ser una
GUARRA, sí, eso pasé a ser. Me lié con ocho tíos en una misma noche y no
conocía a ninguno, con uno de ellos llegué a más, no fueron solo besos y además
lo hicimos sin preservativos porque no teníamos. Después, cuando estaba en el
último curso me lié con el profesor de alemán, sí con ese mismo profesor de
cincuenta años, calvo casado y con cinco hijos, el mismo que pertenecía al OPUS
DEI, sino ¿Cómo explicar mis continuos dieces en alemán? El día de la graduación volvimos a liarnos,
nos pilló su mujer y por eso pasé casi toda la noche hablando con esa señora
alemana madre de los cinco hijos de mi profesor. Después empecé la universidad,
entré en la carrera que quería porque mi padre tenía contactos en la
universidad y alguien me subió la nota en la selectividad. En la carrera los
trabajos los aprobaba porque había un profesor que me pasaba todos los trabajos
hechos, de todas las asignaturas. Además, empecé a salir con la hija del
decano, que tenía diez años más que yo y estaba casada con un profesor de la
facultad, tenían un hijo de cuatro años y una hija de dos. Empecé a trabajar de camarera en un bar de
copas, yo no sabía poner copas, pero el dueño era primo de un vecino mío y me
colocó, por eso al año siguiente era encargada. La beca Erasmus que me dieron
cuando estaba en tercero para ir a Dublin un año no fue por méritos propios,
sino porque mi tía trabajaba en la facultad de filosofía y letras. Cuando acabé
la carrera pasé dos años trabajando con contratos basura, hasta que me contrataron, si lo hicieron
tan pronto no fue porque mis notas en la carrera hubieran sido excelentes,
hablara tres idiomas y hubiera ganado dos años de experiencia matándome por un
suelo que no merecía tanto esfuerzo, sino porque mantuve una relación
esporádica con el director del departamento de recursos humanos en la
entrevista de trabajo. Tres años más tarde
comencé a salir con el jefe de la empresa y por eso me hicieron fija. Cuando
cinco años después me casé con un chico que había conocido en Dublín y con el
que había mantenido una relación seria desde entonces nadie lo creyó. Pero
claro ¿Quién iba a hacerlo? Mi vida era tan interesante, contada de boca en
boca que nadie pensaba que a los treinta fuera a casarme con la persona a la
que amaba.
lunes, 18 de febrero de 2013
la flor de su pelo
Después de días de echarla de menos salió a su encuentro y ante ella, en el silencio, alzó los brazos y miró al cielo. Toc...toc...toc..toc..toc. toc.toctoctoctoctoctoctoc comenzó a taconear y a bajar los brazos, cada vez más rápido, mirando al cielo, queriendo encontrar su mirada. Se dejó llevar por el sentimiento que la inundaba y el recuerdo hizo que de sus ojos comenzaran a caer lágrimas que mojaban la tierra.... taconeó y moviendo las manos giró sobre si misma llena de rabia al no encontrarla. Taconeó y bailó de tal forma que los que allí la contemplábamos a sus espaldas recordamos como el tiempo se paró. Y de repente se detuvieron los brazos, cesó el taconeo y con la fuerza que llevaba dentro se quitó la flor del pelo y la arrojó sobre la lápida con un beso.
jueves, 31 de enero de 2013
Observador.
Llegué a la playa de aquel inhóspito lugar,donde la arena era tan fina que se quedaba impregnada en la piel como un polvo dorado. El agua que me había llevado hasta allí se había calmado tras la tormenta y lucía brillante y transparente. Viendo que no tenía forma de salir de aquel lugar me decidí a investigar el espacio de que rodeaba. La playa se veía rodeada por un frondoso bosque de plantas exóticas que jamás podría haber siquiera imaginado ver. Más de un millón de tonalidades diferentes de verde me rodeaban acompañados de colores naranjas y rosáceos que reinaban en las flores de grandes pétalos. Se podía oir el murmullo de aves que no alcanzaba a vislumbrar y pude observar mamíferos parecidos a las ardillas pero que sin duda no eran ardillas comunes. Su pelaje era de un tono anaranjado y sus ojos completamente azules, tenían una cola corta y las patas traseras muy largas, lo que les permitía avanzar dando grandes saltos. Despistado por la magia del paisaje caí en un profundo boquete en el que quedé atrapado. Las paredes, demasiado lisas, hacían inutil el intento de escalar. Intenté de todas las formas que se me ocurrieron salir de aquel lugar y cuando me disponía a intentar romper las paredes para crear huecos por los que poder escalar una cuerda calló sobre mi cabeza. Miré hacia arriba pero no vi nada. Tiré de la cuerda y tras cercionarme de que estaba bien sujeta comencé a subir. Llegué desde arriba viéndome librado de mi prisión y al levantar la vista del suelo pude ver unos pies pequeños claramente de mujer. Fui subiendo con la mirada para ver unas piernas suaves y firmes que subían como rascacielos para esconder sus muslos en un vestido blanco. Las caderas se intuían cómo dibujadas con pincel. Unos pechos redondos y pequeños que se veían aumentados por la postura con la que la misteriosa chica tenía cogida la cuerda y unos brazos largos con manos de dedos finos. Al ver que yo estaba ya arriba soltó la cuerda y levantó la cabeza dejando al descubierto poco a poco la cara que se había mantenido escondida tras su melena cobriza. Un cuello esbelto, una barbilla fina y poco marcada, unos labios rosáceos y una boca pequeña con una sonrisa sincera. La nariz, como su tez, morena y pequeña. Y por último, bajo su amplia frente un enorme y resplandeciente ojo color verde que reinaba en su cara.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)